El hermano se ha puesto
a tocar la guitarra,
mientras la tarde, afuera,
enciende su farol.
Se oye el eco lejano
de fábricas, de trenes.
El hermano ha llorado,
sobre las cuerdas secas,
una vieja canción.
Y en tanto lo oigo y miro
cómo crece la noche,
me pregunto, en silencio,
cuál alma es la que sufre
sobre la vieja viola :
si la suya o la mía.
Tal vez la de los dos.