jueves, octubre 25, 2007

Pedazos de una carta...

...escrita en la pared de la calle

Hermano, se ha quebrado tu voz
y en el silencio,
surge el gemido de esta otra nueva soledad,
de este otro testigo
que floreció en tus besos.

Yo te recuerdo una mañana solar,
con abandono, con ternura,
con libros bajo el brazo,
compartiendo
la adolescencia triste, la rabona,
el primer cigarrillo, el primer verso,
los húmedos rincones donde dormía el futuro.

Hoy la vida ha cambiado para todos
y nuevos vientos
te golpean el rostro, el corazón, la nostalgia.

( Ella también te espera,
cada día,
una sonrisa igual y diferente).

Y tus manos sostienen, temblorosas,
esta nueva presencia de glicina y de llanto,
mínima aurora a la que mira
el otro niño que hay detrás de tus ojos.

Canto, lluvia.

Maravilla del pájaro
que nació en el cemento :
hizo su nido entre los techos
y ahora su canto sube,
más fuerte que las piedras
de la ciudad sin canto.

Igual que ese otro ruido,
tan leve,
de la lluvia cayendo,
de la lluvia mojando
el dolor,
los hierros,
el color del otoño
desbordado en los árboles.

Memoria de un perro.

Débil animalito
vestido con el traje
sangre y gris
de la muerte :
hay una ausencia
de tus ojos
debajo de los muebles,
de aquelos gestos
con que un día
casi empezabas
a hablarnos.
Aunque la madre
a veces,
la hermana,
creen oír tu voz
latiendo
en el murmullo numeroso
de la aurora.

Los otros habitantes
del barrio
que también se fueron,
con gris
pero sin sangre,
nos dejaron,
igual,
el recuerdo de un rostro
latiendo en las pupilas
y de una voz
que no entendimos
a pesar de ser nuestra :
un árbol que el otoño
va oxidando de a poco.