La aurora llega
con una vela humedecida
por las lágrimas
atravesando álamos
cruzando lentas aguas
golpeando en el aire
con su lento latido
lentamente desprendiendose
caminando y silbando
royendo el límite de la noche
con sus dientes fríos
con su sonrisa silenciosa
con su dolor metálico
apagando estrellas
dibujando árboles
es eso es eso
ventanas despertandose
como canciones mudas.
lunes, noviembre 26, 2007
El azul de la noche
El azul de la noche
golpeaba mis orejas,
sonaba un bandoneón
más allá mas allá,
alguien esperaba mis palabras,
reprimía un sollozo a mi lado.
golpeaba mis orejas,
sonaba un bandoneón
más allá mas allá,
alguien esperaba mis palabras,
reprimía un sollozo a mi lado.
Hay algo en tu rostro
Hay algo en tu rostro,
triste,
como la luz entretenida en los parques,
humilde,
como una cafetera abandonada en una calle,
serio,
como un zapato aplastando un cigarrillo,
trágico,
como el recuerdo de trolebuses degollados.
triste,
como la luz entretenida en los parques,
humilde,
como una cafetera abandonada en una calle,
serio,
como un zapato aplastando un cigarrillo,
trágico,
como el recuerdo de trolebuses degollados.
Cortando un tomate
Cortando un tomate
mi voz desayunó la luna,
almanaque del dolor
ya no existes,
alegría de voces
rebotando en las puertas,
tu nombre es soledad.
mi voz desayunó la luna,
almanaque del dolor
ya no existes,
alegría de voces
rebotando en las puertas,
tu nombre es soledad.
Lejos hay un perro
Lejos hay un perro
lamentando la noche,
un ómnibus
roto en varias partes,
un horizonte estrujado,
un pozo
y nada más.
lamentando la noche,
un ómnibus
roto en varias partes,
un horizonte estrujado,
un pozo
y nada más.
Tu rostro
Tu rostro
como una ancha mañana luminosa,
tus ojos
como una aurora inmóvil,
tu voz
como un roto cristal,
y el tiempo,
de amarte y de besarte,
de morder tus cabellos y la noche.
como una ancha mañana luminosa,
tus ojos
como una aurora inmóvil,
tu voz
como un roto cristal,
y el tiempo,
de amarte y de besarte,
de morder tus cabellos y la noche.
Oh noche
Oh noche
de profundísimo azul,
en el intervalo
de tu latido
yo te pronuncio,
dejo mi huella
y un dolor
en una esquina de tus calles,
bien sé que es inútil,
como un gesto solitario,
como una lágrima,
borrada por el viento.
de profundísimo azul,
en el intervalo
de tu latido
yo te pronuncio,
dejo mi huella
y un dolor
en una esquina de tus calles,
bien sé que es inútil,
como un gesto solitario,
como una lágrima,
borrada por el viento.
Un recuerdo
En el momento en que mi corazón
no se satisface con palabras,
mientras una música melancólica
suena lejos lejos,
viene tu voz incrustada en las tijeras,
viene tu rostro colgando,
viene la magia lenta de tus ojos,
hasta la puerta del olvido.
Trato de retenerte rompiendo cosas,
de que te quedes simplemente
como un gato cansado,
de que oigas este dolor
y sueltes una aurora,
sin decir la noche es imposible.
Pero mi voz no puede,
mis brazos están rotos,
mis cabellos encanecieron
hace tiempo hace tiempo.
Hay un tranvía humeando cerca,
y el eco de tus pasos se pierde
en la nostalgia.
no se satisface con palabras,
mientras una música melancólica
suena lejos lejos,
viene tu voz incrustada en las tijeras,
viene tu rostro colgando,
viene la magia lenta de tus ojos,
hasta la puerta del olvido.
Trato de retenerte rompiendo cosas,
de que te quedes simplemente
como un gato cansado,
de que oigas este dolor
y sueltes una aurora,
sin decir la noche es imposible.
Pero mi voz no puede,
mis brazos están rotos,
mis cabellos encanecieron
hace tiempo hace tiempo.
Hay un tranvía humeando cerca,
y el eco de tus pasos se pierde
en la nostalgia.
Multitud
Multitud que baja de los trenes
en la madrugada,
rostros en los que dura la noche,
transfusión cotidiana.
Poderosa multitud
yo te canto,
con esta voz
que me viene desde los glóbulos,
con este llanto
que brota de mi corazón,
con este rudo grito
que surge desde mis huesos.
en la madrugada,
rostros en los que dura la noche,
transfusión cotidiana.
Poderosa multitud
yo te canto,
con esta voz
que me viene desde los glóbulos,
con este llanto
que brota de mi corazón,
con este rudo grito
que surge desde mis huesos.
Angustia en los muelles
¿Quién grita desde lejos
con una persistencia eléctrica,
rompiendo el agua
con un filoso cuchillo verde?
Alguien puso una mano sobre
mi corazón
y ahora aprieta incansable.
Algún día comprenderemos
el llanto que moja los trolebuses.
con una persistencia eléctrica,
rompiendo el agua
con un filoso cuchillo verde?
Alguien puso una mano sobre
mi corazón
y ahora aprieta incansable.
Algún día comprenderemos
el llanto que moja los trolebuses.
La noche
La noche es una torta negra
con setenta velitas.
Grité hasta romper los faroles.
El agua me mojaba,
inevitable,
como un alambre de púa
en el cerebro,
o un llanto sin amor
en la boca del estómago.
con setenta velitas.
Grité hasta romper los faroles.
El agua me mojaba,
inevitable,
como un alambre de púa
en el cerebro,
o un llanto sin amor
en la boca del estómago.
Fulgor del odio
Gestos sin consuelo
dolor sin ritmo
ola rápida
álamo tronchado y en espera
límite resquebrajado
astilla y frío
querosén amargo
luna sin noche y suelta en ojos.
dolor sin ritmo
ola rápida
álamo tronchado y en espera
límite resquebrajado
astilla y frío
querosén amargo
luna sin noche y suelta en ojos.
Pintura boquense
Rieles por donde viene
la nostalgia,
barreras enfiladas hacia el cielo,
casilla de juguete
sin luz y con fogata.
Rocío de tristeza
caído sobre la calle,
bocina del silencio,
atmósfera
de un atardecer universal.
la nostalgia,
barreras enfiladas hacia el cielo,
casilla de juguete
sin luz y con fogata.
Rocío de tristeza
caído sobre la calle,
bocina del silencio,
atmósfera
de un atardecer universal.
Qué hermosa sos
Qué hermosa sos
con tu boca de aceituna,
tus ojos que aman
los horizontes marinos,
tu nariz que está por decir algo,
tu mano de arena y sol.
con tu boca de aceituna,
tus ojos que aman
los horizontes marinos,
tu nariz que está por decir algo,
tu mano de arena y sol.
Intenciones rotas
La hoja crepitante
nos devolvió la luna
desde su seno repetido,
el árbol dió un grito,
¿y qué más?
ya no es posible
recordar las auroras,
una voz fué muriendo
y no nos dimos cuenta.
nos devolvió la luna
desde su seno repetido,
el árbol dió un grito,
¿y qué más?
ya no es posible
recordar las auroras,
una voz fué muriendo
y no nos dimos cuenta.
La mano de los días
La mano de los días
me tumbó en una esquina,
me dejó un costado dolorido,
me rompió la camiseta.
Pasaba un farmacéutico
y me pisó sin darse cuenta.
Saqué mi voz de niño
y dije :
me gustan las auroras,
me gustan los perros,
la lluvia que cae sobre el barrio.
Adiós hermanos,
sólo quise ser bueno.
me tumbó en una esquina,
me dejó un costado dolorido,
me rompió la camiseta.
Pasaba un farmacéutico
y me pisó sin darse cuenta.
Saqué mi voz de niño
y dije :
me gustan las auroras,
me gustan los perros,
la lluvia que cae sobre el barrio.
Adiós hermanos,
sólo quise ser bueno.
Palabras indecisas
Junto a mi madre que cocina
y un perro triste,
entre botellas vacías,
baldosas rotas,
debajo de techos soñolientos,
espeso y compacto de olvido,
absorto como una aceituna pisoteda,
escribo estas palabras indecisas
que me dicta la muerte.
y un perro triste,
entre botellas vacías,
baldosas rotas,
debajo de techos soñolientos,
espeso y compacto de olvido,
absorto como una aceituna pisoteda,
escribo estas palabras indecisas
que me dicta la muerte.
Puse mis sueños
Puse mis sueños
en la ancha cacerola de la noche
y revolví
hasta el calambre.
Después,
una extraña música
brotó en mi corazón.
Ví en ciertos rostros
un dolor sin nombre,
y supe descifrar la angustia
de ciertas horas frías.
en la ancha cacerola de la noche
y revolví
hasta el calambre.
Después,
una extraña música
brotó en mi corazón.
Ví en ciertos rostros
un dolor sin nombre,
y supe descifrar la angustia
de ciertas horas frías.
La noche
La noche está turbada
por mil deseos sin nombre,
el aire clama
por una palabra
que le dé aspecto de calle,
el ansia de los carteles luminosos
es incomprensible.
Oh ritmo
entrégateme.
por mil deseos sin nombre,
el aire clama
por una palabra
que le dé aspecto de calle,
el ansia de los carteles luminosos
es incomprensible.
Oh ritmo
entrégateme.
Cuando nada puedo hacer
Cuando nada puedo hacer
me brotan palabras,
me surgen gestos,
arrojo lágrimas por la nariz,
el pelo se me cae,
rompo un trompo,
pierdo el tranvía,
oh dolor ya no existes.
me brotan palabras,
me surgen gestos,
arrojo lágrimas por la nariz,
el pelo se me cae,
rompo un trompo,
pierdo el tranvía,
oh dolor ya no existes.
Sé que no puedo
Sé que no puedo dar
más o menos
que ésto,
que mi voz es incomprensible
como un tomate dolorido,
que mi laringe
es un riel
por donde no pasa el tranvía
hace tiempo hace tiempo.
más o menos
que ésto,
que mi voz es incomprensible
como un tomate dolorido,
que mi laringe
es un riel
por donde no pasa el tranvía
hace tiempo hace tiempo.
El viento
El viento
empuja mis palabras
hacia un mar doloroso,
la noche clava una astilla
en mi costado,
oh amigo
yo proyecto mi voz
hacia tu rostro de tabaco.
empuja mis palabras
hacia un mar doloroso,
la noche clava una astilla
en mi costado,
oh amigo
yo proyecto mi voz
hacia tu rostro de tabaco.
Sobre los escalones
Sobre los escalones
deposito mi angustia,
me agarro al pasamanos
de una esperanza,
el agua de la noche
hierve hace rato hace rato,
me rasco la cabeza
y pateo la muerte,
tengo un pedazo de vidrio
clavado en la lengua.
deposito mi angustia,
me agarro al pasamanos
de una esperanza,
el agua de la noche
hierve hace rato hace rato,
me rasco la cabeza
y pateo la muerte,
tengo un pedazo de vidrio
clavado en la lengua.
El frío
El frío me rajaba
la yema de los dedos
estaba
con mis zapatillas rotas
de pie
sin comprender
mirando un árbol
oyendo un canto lejano
soportando los adoquines
que entraban por mis ojos.
la yema de los dedos
estaba
con mis zapatillas rotas
de pie
sin comprender
mirando un árbol
oyendo un canto lejano
soportando los adoquines
que entraban por mis ojos.
¿Alguien oye?
¿Alguien oye el lamento
atravesado en la tráquea
de los violoncelos?
¡Oh profesores!
He vomitado tanto dolor
que ya no tengo ganas
ni de afeitarme.
La noche rompió mis ventanas
los gritos erizaron mis pelos
la angustia me degolló
y ahora es inútil luchar.
atravesado en la tráquea
de los violoncelos?
¡Oh profesores!
He vomitado tanto dolor
que ya no tengo ganas
ni de afeitarme.
La noche rompió mis ventanas
los gritos erizaron mis pelos
la angustia me degolló
y ahora es inútil luchar.
Conjugación de la vida
Yo soy en el yo,
amo en el tú,
comprendo en el él,
me uno en el nosotros,
me aparto en el vosotros,
me acepto en el ellos.
amo en el tú,
comprendo en el él,
me uno en el nosotros,
me aparto en el vosotros,
me acepto en el ellos.
miércoles, noviembre 21, 2007
Hoy
Hoy a la noche
le falta tu sonrisa
y tu manera de decir
no sé
le falta a los faroles.
¿Qué importa el viento,
la lluvia que no cae,
o la tristeza muda
de un cartel luminoso?
A la ciudad le falta
tu paso de paloma
y tu manera de decir
no sé
le falta a mi sonrisa.
le falta tu sonrisa
y tu manera de decir
no sé
le falta a los faroles.
¿Qué importa el viento,
la lluvia que no cae,
o la tristeza muda
de un cartel luminoso?
A la ciudad le falta
tu paso de paloma
y tu manera de decir
no sé
le falta a mi sonrisa.
Gorrión
Por el golpeado gorrión que habita en tu garganta,
por la íntima voz con que te hablan
los cristales nocturnos,
y por el viejo tranvía que tomabas, sin duda,
en tu niñez de cielo abierto y tristeza,
el alma de un soldado
que medita en un techo,
contando los faroles
con que la noche empieza a despedirse,
se llena a veces
de palabras, de sombras,
y de remotos vientos con olores marinos.
Una campana negra
suena en lo hondo de su sangre,
cuando tu rostro impide el horizonte,
llamando al potro desbocado
que duerme en la tristeza.
Y el rumor mágico de la ciudad durmiendo,
o los lejanos árboles que saludan la aurora,
o los menudos gestos con que el día se anuncia
detrás de las esquinas :
el grito del diarero, un ómnibus tosiendo,
las hojas que el otoño nos regala, de pronto,
son nada comparados con tus manos cansadas,
o con la piedra húmeda
de tus ojos llorando.
por la íntima voz con que te hablan
los cristales nocturnos,
y por el viejo tranvía que tomabas, sin duda,
en tu niñez de cielo abierto y tristeza,
el alma de un soldado
que medita en un techo,
contando los faroles
con que la noche empieza a despedirse,
se llena a veces
de palabras, de sombras,
y de remotos vientos con olores marinos.
Una campana negra
suena en lo hondo de su sangre,
cuando tu rostro impide el horizonte,
llamando al potro desbocado
que duerme en la tristeza.
Y el rumor mágico de la ciudad durmiendo,
o los lejanos árboles que saludan la aurora,
o los menudos gestos con que el día se anuncia
detrás de las esquinas :
el grito del diarero, un ómnibus tosiendo,
las hojas que el otoño nos regala, de pronto,
son nada comparados con tus manos cansadas,
o con la piedra húmeda
de tus ojos llorando.
Tu voz
Este fantasma de tu voz
que me visita,
en esta tarde triste
de primavera sin dulzura.
Este fantasma de tu rostro
delante de mis ojos soñolientos,
de mis anhelos postergados
por horarios
que huelen a ciudad, a tristeza,
esta necesidad de ver tus manos
bajo el sol.
que me visita,
en esta tarde triste
de primavera sin dulzura.
Este fantasma de tu rostro
delante de mis ojos soñolientos,
de mis anhelos postergados
por horarios
que huelen a ciudad, a tristeza,
esta necesidad de ver tus manos
bajo el sol.
Tu nombre
Tu nombre,
como un pequeño pájaro
golpeando en una jaula,
tratando de salir en mi voz.
Y no te veo,
no te oigo :
tan sólo la ciudad,
a lo lejos,
y una palabra
golpeando
por las tristes paredes.
como un pequeño pájaro
golpeando en una jaula,
tratando de salir en mi voz.
Y no te veo,
no te oigo :
tan sólo la ciudad,
a lo lejos,
y una palabra
golpeando
por las tristes paredes.
Tus gritos
Tus gritos anudados a los árboles,
colgados como ropas a secar por el otoño,
y un jardín áspero, olvidado,
poblado de faroles y de cruces.
Carretera del sueño,
inhabitada, húmeda, perdura todavía.
Y el golpe del motor en el pecho del cielo.
Eras el vuelo, la alegría.
el viento silbador que borraba las nubes.
¿Pude haberte olvidado?
Eras sollozos, quillas, bronca, tabaco,
la noche reventando de azul en las veredas.
colgados como ropas a secar por el otoño,
y un jardín áspero, olvidado,
poblado de faroles y de cruces.
Carretera del sueño,
inhabitada, húmeda, perdura todavía.
Y el golpe del motor en el pecho del cielo.
Eras el vuelo, la alegría.
el viento silbador que borraba las nubes.
¿Pude haberte olvidado?
Eras sollozos, quillas, bronca, tabaco,
la noche reventando de azul en las veredas.
Mujer mía
Mujer mía tendida
como una larga ciudad bajo mis ojos,
chimenea de paz,
gorrión en pleno vuelo.
Hoy recuerdo tu voz,
tu corazón que el viento nombra
en ciertas tardes tristes.
Hoy recuerdo tus ojos,
flotando en la sustancia de la noche
como dos campanadas sin sonido.
Mujer mía brotada de la tierra,
dueña de la ternura,
te recuerdo sentada,
rama desnuda con estrellas,
oigo tu trote de paloma
hiriendo la tristeza de la calle,
y estás azul, muy azul,
debajo de tu voz, de tus ojos.
como una larga ciudad bajo mis ojos,
chimenea de paz,
gorrión en pleno vuelo.
Hoy recuerdo tu voz,
tu corazón que el viento nombra
en ciertas tardes tristes.
Hoy recuerdo tus ojos,
flotando en la sustancia de la noche
como dos campanadas sin sonido.
Mujer mía brotada de la tierra,
dueña de la ternura,
te recuerdo sentada,
rama desnuda con estrellas,
oigo tu trote de paloma
hiriendo la tristeza de la calle,
y estás azul, muy azul,
debajo de tu voz, de tus ojos.
Este dolor
Este rudo dolor que hoy muerde mi garganta
y aquel gesto sin voz con que no supe
nombrarte las pupilas,
mostrar la espesa noche que caía en mis manos,
es agua, nada más,
que se evapora con el viento,
agua que pudo ser ternura en nuestras bocas,
agua sobre un asfalto que no sabe de flores,
que no tiene semillas.
Nada ha ocurrido :
estamos tan enteros como antes, tan tristes.
Y ahora decimos adiós como quien dice llueve.
y aquel gesto sin voz con que no supe
nombrarte las pupilas,
mostrar la espesa noche que caía en mis manos,
es agua, nada más,
que se evapora con el viento,
agua que pudo ser ternura en nuestras bocas,
agua sobre un asfalto que no sabe de flores,
que no tiene semillas.
Nada ha ocurrido :
estamos tan enteros como antes, tan tristes.
Y ahora decimos adiós como quien dice llueve.
Ella vino
Pero ella vino así,
sin que yo la llamara,
vino con su ternura,
su olor a calles frescas,
llegó como un recuerdo
de gaviotas volando,
como un sabor silvestre
de manzana mordida,
brotó desde lo hondo
del invierno,
tan triste en Buenos Aires.
A veces yo lloraba
por tanto azul inútil :
ella vino y le puso
su nombre a los faroles.
sin que yo la llamara,
vino con su ternura,
su olor a calles frescas,
llegó como un recuerdo
de gaviotas volando,
como un sabor silvestre
de manzana mordida,
brotó desde lo hondo
del invierno,
tan triste en Buenos Aires.
A veces yo lloraba
por tanto azul inútil :
ella vino y le puso
su nombre a los faroles.
martes, noviembre 13, 2007
Día domingo
He aquí, domingo,
que se me permite conversar con tus horas.
Oh día sin igual,
silencio entre dos noches,
lentitud melancólica.
Yo camino despacio por tus calles,
te fumo en paz
como a un oloroso cigarrillo.
Son muchos los que te miran, domingo,
muchos los que te esperan,
los que quieren oir tu voz.
que se me permite conversar con tus horas.
Oh día sin igual,
silencio entre dos noches,
lentitud melancólica.
Yo camino despacio por tus calles,
te fumo en paz
como a un oloroso cigarrillo.
Son muchos los que te miran, domingo,
muchos los que te esperan,
los que quieren oir tu voz.
Colectivo
Rostro sin voz
entre la humanidad del colectivo :
¿cuál es la palabra
que habita tu corazón?
Miro tus ojos
como una aurora detenida
y pienso que colgamos
de un destino tambaleante.
Puedo decirte tantas cosas :
hablarte de la tierra
y del agua,
enseñarte a deletrear
la roja opresión
de un crepúsculo.
Mi garganta está repleta de palabras,
como este colectivo.
Pero tu boca me detiene
como una valla azul
y la sorda sequedad de las horas
nos reclama.
entre la humanidad del colectivo :
¿cuál es la palabra
que habita tu corazón?
Miro tus ojos
como una aurora detenida
y pienso que colgamos
de un destino tambaleante.
Puedo decirte tantas cosas :
hablarte de la tierra
y del agua,
enseñarte a deletrear
la roja opresión
de un crepúsculo.
Mi garganta está repleta de palabras,
como este colectivo.
Pero tu boca me detiene
como una valla azul
y la sorda sequedad de las horas
nos reclama.
Ya no sé
Ya no sé qué decir de los días,
de los papeles mecanografiados,
de los buzones sin tristeza.
Ya no sé hablar el idioma lento
de los tranvías.
Y a veces rompo a llorar
como si Dios pudiese oírme.
de los papeles mecanografiados,
de los buzones sin tristeza.
Ya no sé hablar el idioma lento
de los tranvías.
Y a veces rompo a llorar
como si Dios pudiese oírme.
Qué azul está el cielo
Qué azul está el cielo, madre,
con las nubes blancas.
Y la calle se pone
lentamente gris.
Algunos transúntes oscuros
pasan, con sus ropas ceñidas;
algún farol destila
su luz amarilla...
Y yo sé que más allá, en el fondo,
detrás de las casas,
está el río oscuro y abierto,
el río como una mujer anhelante...
Un ciclista solitario pasa.
Y el gemir de un tranvía
acompaña a mi alma.
Las casas se engrisan
lentamente en la tarde...
Pero mira, se han encendido las lámparas,
la ciudad revive,
no estés más triste, madre, alma...
con las nubes blancas.
Y la calle se pone
lentamente gris.
Algunos transúntes oscuros
pasan, con sus ropas ceñidas;
algún farol destila
su luz amarilla...
Y yo sé que más allá, en el fondo,
detrás de las casas,
está el río oscuro y abierto,
el río como una mujer anhelante...
Un ciclista solitario pasa.
Y el gemir de un tranvía
acompaña a mi alma.
Las casas se engrisan
lentamente en la tarde...
Pero mira, se han encendido las lámparas,
la ciudad revive,
no estés más triste, madre, alma...
Bermellón y ocre
Bermellón y ocre desparramados
en el azul tranquilo del agua mansa;
infinita belleza, mucha quietud
y calma.
Los azules reflejos de los barcos,
verdinegros de tiempo
y de grasa,
redondeados, partidos
en el agua.
Y el sol derramado tiernamente
sobre las popas blancas,
sobre la orilla multiforme y los reflejos
de los barcos y las casas.
en el azul tranquilo del agua mansa;
infinita belleza, mucha quietud
y calma.
Los azules reflejos de los barcos,
verdinegros de tiempo
y de grasa,
redondeados, partidos
en el agua.
Y el sol derramado tiernamente
sobre las popas blancas,
sobre la orilla multiforme y los reflejos
de los barcos y las casas.
Eras
Eras el habitante de sueños imposibles,
el gorrión que anunciaba a los ángeles,
amigo de los perros lloradores
y de remotos barrios con olor a magnolias.
el gorrión que anunciaba a los ángeles,
amigo de los perros lloradores
y de remotos barrios con olor a magnolias.
Sólo el mar
Sólo el mar.
Nada más que el mar.
Piedra húmeda, tristeza.
Dolor del mar.
Un árbol sumergido
da su fruto
en el seno del mar.
Sólo el mar.
Viento, viento, viento,
piedra negra,
dolor del mar.
Nada más que el mar.
Un árbol sufre
bajo el mar,
en la noche,
triste por el dolor del mar.
Sólo el mar.
Nada más que el mar.
Piedra húmeda, tristeza.
Dolor del mar.
Un árbol sumergido
da su fruto
en el seno del mar.
Sólo el mar.
Viento, viento, viento,
piedra negra,
dolor del mar.
Nada más que el mar.
Un árbol sufre
bajo el mar,
en la noche,
triste por el dolor del mar.
Sólo el mar.
lunes, noviembre 05, 2007
Esta voz
Esta voz, este grito,
esta ruda tristeza con que Buenos Aires
pronuncia el crepúsculo,
nos protegen.
Gorrión de la ciudad :
tu invulnerable canto nos protege,
mientras los edificios
se humedecen de azul en esta hora,
y el cielo se desborda hacia nosotros.
esta ruda tristeza con que Buenos Aires
pronuncia el crepúsculo,
nos protegen.
Gorrión de la ciudad :
tu invulnerable canto nos protege,
mientras los edificios
se humedecen de azul en esta hora,
y el cielo se desborda hacia nosotros.
He aquí
He aquí el breve césped
que cubre ciertas calles,
he aquí las sombras.
Las palomas, los ómnibus, los llantos.
La dolorosa luna que se rompe en olvido.
He aquí el hombre.
que cubre ciertas calles,
he aquí las sombras.
Las palomas, los ómnibus, los llantos.
La dolorosa luna que se rompe en olvido.
He aquí el hombre.
¿Volveré a ver tu rostro?
¿Volveré a ver tu rostro
entre las losas y el insomnio?
¿Tus ojos asomados
a la obra en construcción,
cemento y magia,
reflector y tristeza,
grúa inmóvil?
¿Volveremos a hablar
de las hoscas ventanas,
parecidas a nichos funerarios,
o de los poderosos fantasmas del dinero
jugando al escondite en cajas clausuradas,
donde no entra la vida?
entre las losas y el insomnio?
¿Tus ojos asomados
a la obra en construcción,
cemento y magia,
reflector y tristeza,
grúa inmóvil?
¿Volveremos a hablar
de las hoscas ventanas,
parecidas a nichos funerarios,
o de los poderosos fantasmas del dinero
jugando al escondite en cajas clausuradas,
donde no entra la vida?
La noche era tu casa
La noche era tu casa,
tu propiedad,
el papel ensangrentado
donde escribías tu voz
de violín roto.
Tu voz,
el sol del muelle,
el viento sacudiéndonos,
borrándonos del alma
tanta sombra,
tanto dolor inútil.
tu propiedad,
el papel ensangrentado
donde escribías tu voz
de violín roto.
Tu voz,
el sol del muelle,
el viento sacudiéndonos,
borrándonos del alma
tanta sombra,
tanto dolor inútil.
La noche inverosímil
La noche inverosímil nos rodeaba,
golpeándonos los párpados.
Era tanto el dolor,
era tanto el silencio que exalaban las puertas.
Los carteles gritaban :
debemos aprender a renunciar a lo que más amamos.
Volvían como un eco las sombras infantiles,
convocadas por la angustia.
Tus ojos, sin embargo, destituían el miedo.
Tu inexpugnable risa.
El gesto tuyo de hilvanar, de unir,
de decir que tal vez.
golpeándonos los párpados.
Era tanto el dolor,
era tanto el silencio que exalaban las puertas.
Los carteles gritaban :
debemos aprender a renunciar a lo que más amamos.
Volvían como un eco las sombras infantiles,
convocadas por la angustia.
Tus ojos, sin embargo, destituían el miedo.
Tu inexpugnable risa.
El gesto tuyo de hilvanar, de unir,
de decir que tal vez.
La gracia
La gracia le mojaba la frente
y de sus manos subía una fragancia de futuro.
Hablamos de neurosis, de montañas lejanas,
de sueños maltratados por gerentes
y de insomnio.
Cómo no sonreir frente al cadáver inexacto
de la novicia emparedada,
bajo la fría luz de un recuerdo.
Un remoto país de lagos insondables nos unía :
alegría del mapa,
dulce la que hizo el viento en las piedras.
Fraternidad, fogatas,
el caramelo de la luna enredado en los pinos.
Cómo olvidar el clima de frío y transparencia,
el último rocío cayendo,
inaugurando la tristeza de volver.
y de sus manos subía una fragancia de futuro.
Hablamos de neurosis, de montañas lejanas,
de sueños maltratados por gerentes
y de insomnio.
Cómo no sonreir frente al cadáver inexacto
de la novicia emparedada,
bajo la fría luz de un recuerdo.
Un remoto país de lagos insondables nos unía :
alegría del mapa,
dulce la que hizo el viento en las piedras.
Fraternidad, fogatas,
el caramelo de la luna enredado en los pinos.
Cómo olvidar el clima de frío y transparencia,
el último rocío cayendo,
inaugurando la tristeza de volver.
Tus sueños
Tus sueños
flores rotas
lamentos pisoteados
boca de arena y sal
ojos de vidrio.
La noche enciende
su primera ventana
saca su brazo desnudo
y hace gestos.
El viento golpea
en las paredes
su cachetada oceánica
su grito desbordado.
flores rotas
lamentos pisoteados
boca de arena y sal
ojos de vidrio.
La noche enciende
su primera ventana
saca su brazo desnudo
y hace gestos.
El viento golpea
en las paredes
su cachetada oceánica
su grito desbordado.
No hay nada establecido
No hay nada establecido,
todo se va agregando
como un sueño a otro sueño.
Una mano callosa
mueve los adoquines
y la grúa bosteza otra vez
en los andamios.
Los dedos de las mecanógrafas
trituran los fantasmas
y las tumbas nocturnas
se disfrazan de puertas.
todo se va agregando
como un sueño a otro sueño.
Una mano callosa
mueve los adoquines
y la grúa bosteza otra vez
en los andamios.
Los dedos de las mecanógrafas
trituran los fantasmas
y las tumbas nocturnas
se disfrazan de puertas.
Miro tu mano
Miro tu mano,
gorrión imprevisible,
hecho de venas y ternura.
Un sabor, un olor, un sonido,
una luz perpetua
derramada en tus brazos.
gorrión imprevisible,
hecho de venas y ternura.
Un sabor, un olor, un sonido,
una luz perpetua
derramada en tus brazos.
Ruega por nosotros
Ruega por nosotros madre cósmica,
dulzura derramada sobre la yerba áspera,
barro de transparencia total.
Ruega por nuestra voz acumulándose en las sombras,
por la alegría mutilada de nuestros ojos fríos,
y por el niño que llora sobre el muelle,
mientras el agua rueda, el cielo cae,
y la primera estrella da su grito mudo.
dulzura derramada sobre la yerba áspera,
barro de transparencia total.
Ruega por nuestra voz acumulándose en las sombras,
por la alegría mutilada de nuestros ojos fríos,
y por el niño que llora sobre el muelle,
mientras el agua rueda, el cielo cae,
y la primera estrella da su grito mudo.
Te descubrí
Te descubrí cantando en una esquina,
mi hermano sin tristeza,
te descubrí poniéndote la lluvia de corbata,
mostrándole a los giles que la ciudad es linda,
te descubrí cantando, un sábado.
Gastabas con tu voz los adoquines,
rompías la penumbra con tu gesto de sol.
Eras un largo sabio del dolor
que quiebra todos los dolores.
Eras la voz con que las cosas
se hablan a sí mismas,
el silbo solitario,
los tranvías que por desgracia ya no vemos.
Eras la luna y mucho más :
el rocío cayendo,
jilguero desnutrido,
mariposa que sólo aparece de noche.
mi hermano sin tristeza,
te descubrí poniéndote la lluvia de corbata,
mostrándole a los giles que la ciudad es linda,
te descubrí cantando, un sábado.
Gastabas con tu voz los adoquines,
rompías la penumbra con tu gesto de sol.
Eras un largo sabio del dolor
que quiebra todos los dolores.
Eras la voz con que las cosas
se hablan a sí mismas,
el silbo solitario,
los tranvías que por desgracia ya no vemos.
Eras la luna y mucho más :
el rocío cayendo,
jilguero desnutrido,
mariposa que sólo aparece de noche.
Una mujer redonda
Una mujer redonda
con ojos de ángel serio,
lamento y resistencia
su cuerpo envejecido,
ya no riega las plantas,
ya no gime.
Es increíble no ver
su rostro antiguo
debajo de los soles
y los gritos
que poblaron la infancia :
revistas de historietas
bajo los almohadones,
mates, panaderías,
gestos hoscos,
lo que no pudo ser
y ahora duele en la boca.
con ojos de ángel serio,
lamento y resistencia
su cuerpo envejecido,
ya no riega las plantas,
ya no gime.
Es increíble no ver
su rostro antiguo
debajo de los soles
y los gritos
que poblaron la infancia :
revistas de historietas
bajo los almohadones,
mates, panaderías,
gestos hoscos,
lo que no pudo ser
y ahora duele en la boca.
sábado, noviembre 03, 2007
Alguien
Alguien vació su lapicera
mas allá de las casas
y ahora la noche sube
por los rieles del cielo
con su cortejo lánguido
de mariposas encendidas.
El pájaro de la noche
me invita a conversar
en un umbral desierto
del barrio de los Bancos.
mas allá de las casas
y ahora la noche sube
por los rieles del cielo
con su cortejo lánguido
de mariposas encendidas.
El pájaro de la noche
me invita a conversar
en un umbral desierto
del barrio de los Bancos.
Volverá
Tu rostro,
esa luna de ausencia
que buscan mis manos,
volverá.
Tus ojos,
derramados en mi boca,
volverán,
más altos que el dolor,
que la angustia.
Aurora sumergida,
gritos, palomas,
tu rostro volverá.
Y tu voz,
hoy remota,
volverá a humedecer
las paredes del mundo.
Tu voz :
pájaro erguido,
nube que buscan mis labios,
volverá.
esa luna de ausencia
que buscan mis manos,
volverá.
Tus ojos,
derramados en mi boca,
volverán,
más altos que el dolor,
que la angustia.
Aurora sumergida,
gritos, palomas,
tu rostro volverá.
Y tu voz,
hoy remota,
volverá a humedecer
las paredes del mundo.
Tu voz :
pájaro erguido,
nube que buscan mis labios,
volverá.
Medianoche
Medianoche.
Ruidos lejanos,
golpes.
El match
de los fantasmas.
La hora en que los sueños
se agarran a trompadas.
Ruidos lejanos,
golpes.
El match
de los fantasmas.
La hora en que los sueños
se agarran a trompadas.
Presencias.
Una vez más los árboles desnudos
se ubican en la noche.
Y los faroles laten en la atmósfera fría,
como los ojos de pescados
muertos hace tiempo, hace tiempo.
Omnibus y nostalgia,
impregnados de luna,
acometen la calle.
Náufragos encorvados otean la sombra,
inevitable,
y miran a lo lejos una brasa incrustada
en el alambre del cielo.
se ubican en la noche.
Y los faroles laten en la atmósfera fría,
como los ojos de pescados
muertos hace tiempo, hace tiempo.
Omnibus y nostalgia,
impregnados de luna,
acometen la calle.
Náufragos encorvados otean la sombra,
inevitable,
y miran a lo lejos una brasa incrustada
en el alambre del cielo.
Por fin
Por fin interrumpí mi sueño.
Hacía tiempo que llamaban a mi puerta
las calles, las palomas,
un obrero venido de la villa miseria.
Salimos
y ví la aurora desbordándose
por los bolsillos del mundo.
Hacía tiempo que llamaban a mi puerta
las calles, las palomas,
un obrero venido de la villa miseria.
Salimos
y ví la aurora desbordándose
por los bolsillos del mundo.
La grúa
La poderosa grúa vela el sueño
de la paloma pisoteada por el ómnibus.
Mañana, con la luz, extenderá otra vez su brazo
por encima del lecho de cemento húmedo
y el sol borrará el rocío de sus bíceps.
Pero ahora, la grúa, insomne,
como una zancuda gigantesca,
mira el pequeño cadáver tibio,
caído desde lo negro de la noche,
hundido en lo negro de la ciudad, del asfalto.
de la paloma pisoteada por el ómnibus.
Mañana, con la luz, extenderá otra vez su brazo
por encima del lecho de cemento húmedo
y el sol borrará el rocío de sus bíceps.
Pero ahora, la grúa, insomne,
como una zancuda gigantesca,
mira el pequeño cadáver tibio,
caído desde lo negro de la noche,
hundido en lo negro de la ciudad, del asfalto.
Penas
Penas arracimadas en los ojos,
leve musgo
que sobre la pared espera el alba.
Poesía que cae como la lluvia,
mojándonos el pelo, el corazón,
en un inesperado momento de la tarde.
Necesidad de irse
una vez más, de irse lejos,
hacia la luna universal, hacia la noche.
Y volver luego
con un gorrión en el bolsillo,
tal vez,
y con más muerte en la nariz,
más dolor bajo el brazo.
leve musgo
que sobre la pared espera el alba.
Poesía que cae como la lluvia,
mojándonos el pelo, el corazón,
en un inesperado momento de la tarde.
Necesidad de irse
una vez más, de irse lejos,
hacia la luna universal, hacia la noche.
Y volver luego
con un gorrión en el bolsillo,
tal vez,
y con más muerte en la nariz,
más dolor bajo el brazo.
Dónde
Dónde estaba tu voz, dónde estaban tus ojos,
cuando la noche los buscó para nombrarse, verse.
Una luna cansada moja el techo de fábicas desiertas,
y el viento frío barre oscuridades en las plazas.
Es el otoño que ha vuelto, vestido de luz gris,
y se ubica en tu espalda.
Son viejos nombres tristes que dibujan tu boca,
o tal vez una hilera de luces hasta el cielo,
entrando hasta la sed inagotable de tus ojos,
volviendo hacia tu voz su rostro mudo.
cuando la noche los buscó para nombrarse, verse.
Una luna cansada moja el techo de fábicas desiertas,
y el viento frío barre oscuridades en las plazas.
Es el otoño que ha vuelto, vestido de luz gris,
y se ubica en tu espalda.
Son viejos nombres tristes que dibujan tu boca,
o tal vez una hilera de luces hasta el cielo,
entrando hasta la sed inagotable de tus ojos,
volviendo hacia tu voz su rostro mudo.
Si vivo para mí
Si vivo para mí, vivo para otros.
Si vivo para otros, vivo para mí.
Alguien se fué porque odiaba.
Yo me voy porque amo.
Cuando los busco, me encuentro.
Cuando me busco, los hallo.
¿En dónde están las piedras,
los árboles, las carreteras, el viento?
Yo los encuentro siempre
dentro de mí,
detrás de la tristeza.
¿Y dónde estoy yo, piedra sin nombre,
árbol sin flor, carretera sin viento?
Después del grito, después de la alegría,
me encuentro en otros rostros,
en perros de la calle,
y en un cierto color que da al cielo la noche.
Si vivo para otros, vivo para mí.
Alguien se fué porque odiaba.
Yo me voy porque amo.
Cuando los busco, me encuentro.
Cuando me busco, los hallo.
¿En dónde están las piedras,
los árboles, las carreteras, el viento?
Yo los encuentro siempre
dentro de mí,
detrás de la tristeza.
¿Y dónde estoy yo, piedra sin nombre,
árbol sin flor, carretera sin viento?
Después del grito, después de la alegría,
me encuentro en otros rostros,
en perros de la calle,
y en un cierto color que da al cielo la noche.
Muchacha
Muchacha de escondido dulzor :
el pájaro de la noche te quiere.
El conoce los besos que duermen en tu pecho,
cubiertos de rutina,
y me lo cuenta todo.
Ya ves :
hasta tus ojos desbordados de húmeda tristeza
me lo cuentan.
Hasta tu voz que un día se quebró
para decir no sé quién es usted
por favor me molesta.
el pájaro de la noche te quiere.
El conoce los besos que duermen en tu pecho,
cubiertos de rutina,
y me lo cuenta todo.
Ya ves :
hasta tus ojos desbordados de húmeda tristeza
me lo cuentan.
Hasta tu voz que un día se quebró
para decir no sé quién es usted
por favor me molesta.
Flor
Flor marchitada, pedazo
de estrella,
tus manos transpirando
y memoria del mar.
Un barrilete remontado.
Un trozo de pan cálido
y humeante : tu boca.
Pedazo de flor estrellado
en la transpiración del mar.
Manos tuyas marchitándose.
de estrella,
tus manos transpirando
y memoria del mar.
Un barrilete remontado.
Un trozo de pan cálido
y humeante : tu boca.
Pedazo de flor estrellado
en la transpiración del mar.
Manos tuyas marchitándose.
Melancolía
Melancolía que punza
el azul de la tarde,
pájaro tenaz,
llamarada insistente.
Idioma de la noche,
alfabeto de lágrimas,
itinerario, vuelo,
descarrilado tranvía
del insomnio.
el azul de la tarde,
pájaro tenaz,
llamarada insistente.
Idioma de la noche,
alfabeto de lágrimas,
itinerario, vuelo,
descarrilado tranvía
del insomnio.
Alguien llama desde lejos
Desde una latitud densa de sombras,
desde una playa,
como la boca de una grúa
que muerde la arena,
viene tu voz de sollozo sumergido.
Como una gran lluvia,
moja el hueso desnudo de los edificos,
hace crecer
un musgo trémulo de sueños obstinados.
desde una playa,
como la boca de una grúa
que muerde la arena,
viene tu voz de sollozo sumergido.
Como una gran lluvia,
moja el hueso desnudo de los edificos,
hace crecer
un musgo trémulo de sueños obstinados.
Muchacha delgadita
Muchacha delgadita
vestida de ángel serio.
Flor que brotó ayer noche
y que hoy mira hondamente.
No me atrevo a nombrarte.
vestida de ángel serio.
Flor que brotó ayer noche
y que hoy mira hondamente.
No me atrevo a nombrarte.
De vuelta a casa.
Cae la lluvia
y el tranvía rueda por la ciudad
hacia su puerto previsible
de escaleras, de camas,
de mates matinales.
Rueda la lluvia
hacia los ojos ciegos de la calle.
Y mientras busco
detrás de los cristales
el perfil de la noche,
un viejo culto se consuma
en los faroles,
en la llama embutida
que miro fijamente.
Vengo desde sonrisas
maniatadas por números
y caigo en el tranvía como un perro
como un enorme perro
lacrimoso y cansado.
Tal vez un ángel llame
tras el vidrio violeta,
remoto mensajero
de la mágica pampa.
Tal vez. Pero es inútil.
Yo voy dormido en el asiento
y ruedo blandamente
hacia una casa sin nostalgia,
sin gorrión, sin tristeza.
y el tranvía rueda por la ciudad
hacia su puerto previsible
de escaleras, de camas,
de mates matinales.
Rueda la lluvia
hacia los ojos ciegos de la calle.
Y mientras busco
detrás de los cristales
el perfil de la noche,
un viejo culto se consuma
en los faroles,
en la llama embutida
que miro fijamente.
Vengo desde sonrisas
maniatadas por números
y caigo en el tranvía como un perro
como un enorme perro
lacrimoso y cansado.
Tal vez un ángel llame
tras el vidrio violeta,
remoto mensajero
de la mágica pampa.
Tal vez. Pero es inútil.
Yo voy dormido en el asiento
y ruedo blandamente
hacia una casa sin nostalgia,
sin gorrión, sin tristeza.
A una vieja india que vende limones...
...en el sol de una calle todavía sin nombre.
Llego hasta vos cargado con las cosas
que no se aprenden en los libros :
el dolor,
un racimo de viento golpeándome la espalda.
Llego hasta vos
pisando la dolorosa tinta del asfalto,
hasta tu cuerpo inevitable en esta esquina,
hasta tu rostro de tabaco lastimado,
hasta tu voz
que me golpea en el lugar de la tristeza.
Desde los cauces secos de tus brazos
bajan recuerdos sin ternura,
tristes recuerdos
impregnando las baldosas de las verdulerías.
Tan sólo tengo para darte una pregunta
que me remonta por la voz
hasta la palma de las manos :
¿Por qué tu cara seria, tus párpados caídos?
¿Por qué tus manos juntas en paciencia y silencio,
tus caderas de carne maltratada?
Cómo me dolés en la garganta, América.
Cómo me dolés en el brazo derecho.
Llego hasta vos cargado con las cosas
que no se aprenden en los libros :
el dolor,
un racimo de viento golpeándome la espalda.
Llego hasta vos
pisando la dolorosa tinta del asfalto,
hasta tu cuerpo inevitable en esta esquina,
hasta tu rostro de tabaco lastimado,
hasta tu voz
que me golpea en el lugar de la tristeza.
Desde los cauces secos de tus brazos
bajan recuerdos sin ternura,
tristes recuerdos
impregnando las baldosas de las verdulerías.
Tan sólo tengo para darte una pregunta
que me remonta por la voz
hasta la palma de las manos :
¿Por qué tu cara seria, tus párpados caídos?
¿Por qué tus manos juntas en paciencia y silencio,
tus caderas de carne maltratada?
Cómo me dolés en la garganta, América.
Cómo me dolés en el brazo derecho.
A muchos rostros...
...que la memoria no contiene.
Yo conozco la historia de los hombres
que esperaban trabajo a tu puerta.
Tenían una mano en el bolsillo
y la otra, también, en el bolsillo.
Su tristeza era dura,
dura como las piedras que pisaban cada madrugada.
Y su dolor sólo lágrima, o músculo extendido en pelea.
Eran la vida sin palabras y estaban a tu puerta,
desbaratada palabra del dolor, de la muerte.
Conozco esas historias y las llevo en mi pecho.
Y cada golpe de su sangre me golpea en la boca.
Y cada grito suyo me atraviesa llorando.
Y los lamentos, las recomendaciones,
el pantalón cocido cinco veces,
la pisoteada raíz de sus amores.
Y sin embargo,
inexplicables pájaros volaban sobre el barrio, el domingo,
y el sol latía en cada rincón roto de sus casas,
florecía en sus manos.
Yo conozco la historia de los hombres
que esperaban trabajo a tu puerta.
Tenían una mano en el bolsillo
y la otra, también, en el bolsillo.
Su tristeza era dura,
dura como las piedras que pisaban cada madrugada.
Y su dolor sólo lágrima, o músculo extendido en pelea.
Eran la vida sin palabras y estaban a tu puerta,
desbaratada palabra del dolor, de la muerte.
Conozco esas historias y las llevo en mi pecho.
Y cada golpe de su sangre me golpea en la boca.
Y cada grito suyo me atraviesa llorando.
Y los lamentos, las recomendaciones,
el pantalón cocido cinco veces,
la pisoteada raíz de sus amores.
Y sin embargo,
inexplicables pájaros volaban sobre el barrio, el domingo,
y el sol latía en cada rincón roto de sus casas,
florecía en sus manos.
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