Pero ella vino así,
sin que yo la llamara,
vino con su ternura,
su olor a calles frescas,
llegó como un recuerdo
de gaviotas volando,
como un sabor silvestre
de manzana mordida,
brotó desde lo hondo
del invierno,
tan triste en Buenos Aires.
A veces yo lloraba
por tanto azul inútil :
ella vino y le puso
su nombre a los faroles.