...que la memoria no contiene.
Yo conozco la historia de los hombres
que esperaban trabajo a tu puerta.
Tenían una mano en el bolsillo
y la otra, también, en el bolsillo.
Su tristeza era dura,
dura como las piedras que pisaban cada madrugada.
Y su dolor sólo lágrima, o músculo extendido en pelea.
Eran la vida sin palabras y estaban a tu puerta,
desbaratada palabra del dolor, de la muerte.
Conozco esas historias y las llevo en mi pecho.
Y cada golpe de su sangre me golpea en la boca.
Y cada grito suyo me atraviesa llorando.
Y los lamentos, las recomendaciones,
el pantalón cocido cinco veces,
la pisoteada raíz de sus amores.
Y sin embargo,
inexplicables pájaros volaban sobre el barrio, el domingo,
y el sol latía en cada rincón roto de sus casas,
florecía en sus manos.