lunes, noviembre 05, 2007

La noche inverosímil

La noche inverosímil nos rodeaba,
golpeándonos los párpados.
Era tanto el dolor,
era tanto el silencio que exalaban las puertas.
Los carteles gritaban :
debemos aprender a renunciar a lo que más amamos.
Volvían como un eco las sombras infantiles,
convocadas por la angustia.

Tus ojos, sin embargo, destituían el miedo.
Tu inexpugnable risa.
El gesto tuyo de hilvanar, de unir,
de decir que tal vez.