Mujer mía tendida
como una larga ciudad bajo mis ojos,
chimenea de paz,
gorrión en pleno vuelo.
Hoy recuerdo tu voz,
tu corazón que el viento nombra
en ciertas tardes tristes.
Hoy recuerdo tus ojos,
flotando en la sustancia de la noche
como dos campanadas sin sonido.
Mujer mía brotada de la tierra,
dueña de la ternura,
te recuerdo sentada,
rama desnuda con estrellas,
oigo tu trote de paloma
hiriendo la tristeza de la calle,
y estás azul, muy azul,
debajo de tu voz, de tus ojos.