Penas arracimadas en los ojos,
leve musgo
que sobre la pared espera el alba.
Poesía que cae como la lluvia,
mojándonos el pelo, el corazón,
en un inesperado momento de la tarde.
Necesidad de irse
una vez más, de irse lejos,
hacia la luna universal, hacia la noche.
Y volver luego
con un gorrión en el bolsillo,
tal vez,
y con más muerte en la nariz,
más dolor bajo el brazo.