Tus gritos anudados a los árboles,
colgados como ropas a secar por el otoño,
y un jardín áspero, olvidado,
poblado de faroles y de cruces.
Carretera del sueño,
inhabitada, húmeda, perdura todavía.
Y el golpe del motor en el pecho del cielo.
Eras el vuelo, la alegría.
el viento silbador que borraba las nubes.
¿Pude haberte olvidado?
Eras sollozos, quillas, bronca, tabaco,
la noche reventando de azul en las veredas.